Cultura

‟Puño cerrado, madre negra ˮ, una novela de Juan Tomás Ávila Laurel, sobre memoria, identidad y desarraigo

Se presentó como una novela sobre los vínculos que permanecen entre Guinea Ecuatorial y España. A pesar de la distancia aparecen conectadas mediante la historia de una mujer que intenta comprender su pasado y reconstruir su identidad.


Rubén Cornelio Micha 28 de agosto de 2026 — 15:38 · 5 min de lectura

Juan Tomás Ávila Laurel (dcha) durante la presentación de su libro  'Puño Cerrado, madre negra'
Juan Tomás Ávila Laurel (dcha) durante la presentación de su libro 'Puño Cerrado, madre negra'

La literatura ecuatoguineana volvió a ocupar un lugar destacado con la presentación, el pasado 25 de agosto ‟Puño cerrado, madre negraˮ, de Juan Tomás Ávila Laurel. El encuentro, en la sala de actos del centro cultural de España en Malabo, reunió a lectores, representantes del ámbito cultural y público interesado en la producción literaria ecuatoguineana, en torno a una obra que recupera episodios de memoria, identidad y desarraigo a través de una historia marcada por los vínculos entre Guinea Ecuatorial y España.

La presentación permitió acercar al público asistente una novela que tiene como uno de sus principales escenarios la Guinea Española colonial, y que posteriormente traslada parte de su relato a la Barcelona de la posguerra.

En el centro de la narración se encuentra Ana Matzen Biachó, una mujer cuya historia personal está marcada por sus orígenes ecuatoguineanos y por el desplazamiento hacia España. La protagonista se mueve entre dos realidades diferentes mientras intenta reconstruir una identidad fragmentada y encontrar respuestas sobre su pasado.

La novela de 252 páginas, arranca con la leyenda de Pablo Olivera, un boxeador de fuerza mítica cuya historia se convierte en el punto de partida de un secreto familiar. A partir de ese episodio, Ávila Laurel construye una narración que conduce al lector desde la antigua Santa Isabel hasta la Barcelona de la posguerra.

"Puño cerrado, madre negra" de Juan Tomás Ávila Laurel.
"Puño cerrado, madre negra" de Juan Tomás Ávila Laurel.

Según la editorial Dos Manos, la obra se presenta como una historia de desarraigo en la que el regreso al origen termina convirtiéndose en uno de los principales combates de la protagonista. El relato también introduce la experiencia de la diáspora y la búsqueda de personas con las que compartir una identidad y una memoria común.

Uno de los elementos centrales de ‟Puño cerrado, madre negraˮ, de la editorial Dos Manos, es precisamente la tensión entre dos espacios: Guinea Ecuatorial y España. La protagonista debe desenvolverse en un contexto social y cultural diferente al de su origen, mientras intenta comprender las circunstancias que marcaron su vida y la de su familia.

A través de Ana Matzen Biachó, el escritor aborda cuestiones relacionadas con la identidad, la pertenencia y la memoria. El pasado colonial aparece como parte del trasfondo de una historia personal que no se limita a recordar determinados acontecimientos, sino que plantea preguntas sobre las consecuencias que estos pueden tener sobre generaciones posteriores.

La Barcelona de la posguerra constituye el otro gran espacio de la novela. Allí, Ana es acogida en el barrio de Gràcia por una mujer sordomuda y comienza una nueva etapa de su vida. Sin embargo, el desplazamiento geográfico no significa necesariamente el abandono del pasado. La protagonista continúa buscando elementos que le permitan comprender quién es y de dónde procede. Este diálogo entre África y Europa permite a Ávila Laurel construir una novela en la que la memoria individual se relaciona con una historia colectiva.

No se trata únicamente de presentar un nuevo título. El encuentro representa también una oportunidad para reflexionar sobre el papel de la literatura en la recuperación de historias, personajes y experiencias vinculadas al pasado del país.

El personaje de Ana Matzen Biachó constituye el eje de una historia en la que la identidad aparece como una construcción permanente. Separada de su entorno de origen, la protagonista debe enfrentarse a una sociedad diferente y a una memoria familiar que permanece parcialmente oculta.

El relato plantea así una cuestión fundamental: ¿qué ocurre cuando una persona se ve obligada a vivir lejos del lugar al que pertenece, y debe reconstruir su identidad a partir de recuerdos, relatos familiares y encuentros con otras personas que comparten experiencias semejantes? En este sentido, la novela no presenta el desarraigo únicamente como una experiencia geográfica. También lo plantea como una experiencia emocional y cultural.

Uno de los elementos que atraviesa la obra es la idea del regreso. El origen no aparece únicamente como un lugar físico, sino como un espacio de memoria al que la protagonista necesita volver para comprender su propia historia.

Imagen del público en la sala de actos del Centro Cultural de España en Malabo durante la presentación de 'Puños cerrado, madre negra'.
Imagen del público en la sala de actos del Centro Cultural de España en Malabo durante la presentación de 'Puños cerrado, madre negra'.

La novela plantea de esta manera una relación compleja con el pasado. Recordar puede significar enfrentarse a historias familiares desconocidas, pero también puede convertirse en una forma de recuperar una identidad que parecía perdida.

El título, "Puño cerrado, madre negra", resume parte de esa intensidad narrativa. La obra combina la historia familiar con un trasfondo marcado por la época colonial, la migración y la experiencia de una mujer negra en la España de la posguerra.

Puño cerrado, madre negra se presenta, en definitiva, como una novela sobre los vínculos que permanecen a pesar de la distancia. Guinea Ecuatorial y España aparecen conectadas mediante la historia de una mujer que intenta comprender su pasado y reconstruir su identidad.

La obra utiliza la ficción para aproximarse a cuestiones que forman parte de la memoria de muchas sociedades: la herencia colonial, la migración, el desarraigo, la búsqueda de los orígenes y la necesidad de conservar las historias familiares.

Más allá de la historia de Ana Matzen Biachó, Puño cerrado, madre negra, propone una reflexión sobre aquello que permanece cuando una persona abandona su tierra: los recuerdos, las historias familiares, la identidad y la necesidad de regresar, física o simbólicamente, al lugar de donde comenzó todo.

Con esta presentación en Malabo, Juan Tomás Ávila Laurel vuelve a colocar la literatura en el centro de una conversación sobre memoria e identidad. Su nueva novela invita al lector a recorrer un camino que comienza en la antigua Santa Isabel, atraviesa la Barcelona de la posguerra y termina regresando a la pregunta fundamental sobre el origen.

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