Un adiós tras un mes de incertidumbre
El funeral de Estado a los cuatro militares fallecidos en el accidente del 19 de junio puso fin a semanas de búsqueda, angustia y esperanza, en una de las operaciones de rescate más complejas desplegadas por las Fuerzas Armadas de Guinea Ecuatorial. “Por fin hemos dado santa sepultura a nuestros seres queridos”, indicaba uno de los parientes en el aeropuerto de Mongomeyen, lugar donde se llevó a cabo la despedida a los uniformados.
Durante más de un mes, el silencio fue tan pesado como la incertidumbre. En algún punto de la espesa selva entre Niefang y Evinayong permanecían los restos del helicóptero militar Z-9 desaparecido y, con él, cuatro hombres, jóvenes: Remigio Mbega Mikue, Sergio Manuel Mbomio Asangono, Manuel Elá Esono Afan y Armengol Moro Avono Mifumu, cuya misión terminó convirtiéndose en una tragedia nacional. Mientras sus familias aguardaban noticias, centenares de militares recorrían montañas, ríos y bosques en una carrera contra un terreno que parecía negarse a revelar el desenlace.
Ese largo capítulo llegó a su fin con un funeral de Estado celebrado en el Aeropuerto de Mongomeyen, donde Guinea Ecuatorial rindió el último homenaje a los cuatro tripulantes del helicóptero Z-9 que perdieron la vida durante una misión de vigilancia fronteriza el pasado 19 de junio. Más que una ceremonia castrense, el acto representó el cierre de una historia marcada por la espera, la movilización nacional y el reconocimiento a quienes murieron en cumplimiento de su deber.
Los cuatros féretros de los militares que cursaron formación militar en la república popular China, según la prensa presidencia, cubiertos con la bandera nacional, ocuparon el centro de una ceremonia seguida por autoridades civiles y militares, representantes del cuerpo diplomático, familiares de las víctimas y numerosos ciudadanos que quisieron acompañar el último adiós. Las ofrendas florales, los honores militares y la lectura de la trayectoria profesional de cada uno de los fallecidos fueron algunos de los momentos más solemnes del acto.
Pero el funeral no comenzó realmente ese día. Había empezado más de un mes antes, tras la desaparición del helicóptero Z-9 el pasado 19 de junio, cuando cubría la ruta entre Bata y Mongomey. Según ha podido saber el periódico Ébano, la aeronave perdió contacto con la torre de control cuando se encontraba a unas 21 millas náuticas de Bata. La última señal fue detectada en una zona comprendida entre los poblados de Mongoho, Edum y Mosum Yembiang, en el distrito de Niefang, según informaciones del portal digital del PDGE.
Las primeras horas estuvieron dominadas por la incertidumbre. Conforme pasaban los días y la aeronave seguía sin aparecer, el operativo de búsqueda fue creciendo hasta convertirse en uno de los mayores despliegues realizados por las Fuerzas Armadas ecuatoguineanas en los últimos años. Más de 2.000 militares participaron en una operación que combinó medios terrestres, aéreos y fluviales para intentar localizar el aparato en una de las zonas más difíciles de la región continental.
La búsqueda avanzó entre obstáculos constantes. La vegetación cerrada, las fuertes lluvias y un relieve abrupto dificultaron el acceso a numerosas áreas donde se sospechaba que podía encontrarse el helicóptero. Durante semanas, las patrullas recorrieron montañas y bosques hasta que finalmente los restos de la aeronave fueron localizados el 10 de julio, en una cordillera situada entre Mongom y Miduma, en el eje Niefang-Evinayong. Junto al fuselaje permanecían los cuerpos sin vida de los cuatro tripulantes.
Solo entonces pudo comenzar otra misión: devolver a las familias la posibilidad de despedirse de sus seres queridos. La recuperación de los cuerpos permitió organizar un funeral de Estado que simbolizó el reconocimiento oficial a quienes perdieron la vida mientras cumplían funciones esenciales para la seguridad nacional.
Durante la ceremonia, el presidente de la República, Obiang Nguema Mbasogo, recordó que el 19 de junio quedará grabado en la memoria colectiva del país como una fecha de dolor. “No solo por el trágico suceso que hoy nos reúne, sino por la solidaridad manifestada por el pueblo en este momento de dolor y angustia”
En su intervención, el mandatario ecuatoguineano expresó su reconocimiento a las Fuerzas Armadas, a las instituciones y a los países que colaboraron en las labores de búsqueda, al tiempo que trasladó un mensaje de consuelo a las familias de las víctimas. "Sé que ante la magnitud de este accidente, las palabras resultan insuficientes para describir los sentimientos que nos embargan en este momento. Sin embargo, nadie puede descifrar sobre los misterios y designios divinos de la muerte”, destacó.
También anunció que los cuatro militares serían considerados héroes nacionales por haber sacrificado sus vidas al servicio de la patria y señaló que la investigación sobre la caja negra permitirá esclarecer las causas del accidente.
Se espera, como lo recordó el Jefe de Estado, que se esclarezca los motivos del accidente. “Con la recuperación de la caja negra, se determinará con precisión las causas exactas de este trágico accidente”, indicó Obiang Nguema Mbasogo.
Medalla de primera clase al mérito militar
Uno de los momentos más significativos llegó con la imposición, a título póstumo, de la Medalla de Primera Clase al Mérito Militar y el ascenso de los cuatro fallecidos al grado de comandantes de vuelo, una decisión adoptada mediante decreto presidencial y ejecutada durante la ceremonia por el vicepresidente de la República, encargado de Defensa y Seguridad del Estado, Teodoro Nguema Obiang Mangue.
Sin embargo, más allá de las condecoraciones y del protocolo militar, el funeral dejó una imagen difícil de olvidar: cuatro ataúdes cubiertos con la bandera nacional frente a unas familias que, después de semanas de incertidumbre, pudieron cerrar un duelo que permanecía suspendido mientras la búsqueda continuaba en la selva.
El helicóptero Z-9 accidentado estaba destinado a misiones de transporte táctico, vigilancia de fronteras, reconocimiento, evacuación médica y operaciones de búsqueda y rescate. Paradójicamente, una aeronave concebida para auxiliar y proteger terminó convirtiéndose en el centro de una operación de rescate que movilizó recursos humanos y materiales sin precedentes recientes.
Con el toque final de los honores militares concluyó una ceremonia que cerró uno de los episodios más dolorosos vividos por las Fuerzas Armadas de Guinea Ecuatorial en los últimos años. Para el Estado, el funeral fue un homenaje institucional. Para los compañeros de armas, la despedida de cuatro militares. Y para sus familias, el final de una espera angustiosa. “ Por fin damos santa sepultura a nuestros seres queridos. Han sido semanas de angustia”, indicaba uno de los parientes después de los actos póstumos.
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